martes, 12 de agosto de 2014

Cuando el silencio grita...


Cuando el silencio grita...

Hace 4 semanas, ya casi un mes, que Tere amaneció con un inusual dolor de cabeza que nos llevó al hospital, a checarle lo que asumíamos que sería un asunto médico sin importancia, sin saber que ella no regresaría más a casa...ni que hubo muchas cosas que ya no alcancé a decirle.

Hoy iba a hacer dos reflexiones, pero el texto se extendió mucho, por lo que los dejo hoy solo con ésta:
CUANDO EL SILENCIO GRITA. Estas letras son una oda, un tributo, un reconocimiento sincero a esa labor, a esa misión que desarrollan y desempeñan TODOS los días las mujeres y que tiene que ver desde con la administración de la casa, la educación de los hijos (y del marido, en ocasiones), del amor, cuidado y la salud de la familia, y en muchas ocasiones con el sustento que aportan a la economía familiar… en fin, tiene que ver con la buena marcha de la vida de todos los que afortunadamente estamos a su alrededor. Es una labor diaria, callada, discreta, sin goce de sueldo y sin vacaciones, sin tregua, frecuentemente menospreciada y “dada por hecho”, a veces estigmatizada y sin el reconocimiento adecuado de todos los que la rodeamos y que gozamos de los frutos de esa labor: Siempre una labor efectiva y afectiva, mayormente en soledad y en silencio….y que requiere de laboriosidad, de amor, de generosidad, de donación desinteresada….. PERO cuando ya no existe esa mujer, y por tanto esa labor callada…..ese silencio se convierte en un grito, en un alarido ensordecedor que clama…un vacío que recuerda a toda esa atención, ese amor y ese cariño que solo ellas pueden brindar…al menos con esa calidez y cuidado con el que solo ellas saben entregarlo.
A ellos los invito a real y profundamente valorar, desde su sola presencia hasta lo que calladamente recibes de su esfuerzo día a día para que las cosas funcionen -pareciera que mágicamente- a tu alrededor: Para que haya jabón y toalla limpia en tu baño, para que comas (todo los días y calientito), para que tu camisa esté en el closet y planchada, para que cada hijo reciba el amor y la corrección que cada día requieren, para que tus hijos progresen en la escuela y sus actividades extracurriculares, para que te veas bien, y no sólo en tu arreglo personal, sino por la seguridad que te da el saberte amado. Para que puedas irte de viaje sin preocuparte de quién se ocupará de tus hijos y de tu casa, para que alguien platique contigo (o te “regañe”) por las noches antes de dormir….para que entiendas a cabalidad lo que trato de decirte necesitarías llegar a casa y que no haya sonido alguno y que nada que no hayas arreglado tú esté en su lugar…y que no tengas con quien comentar tu día, y que te dé hambre y humor de cocinar o comer estando solo, y que no haya quién te dé las buenas noches, ni los buenos días….valórala, aunque sea a veces difícil de carácter, y a ratos se ponga “bruja” y no te parezcan algunas cosas que te dice o cómo te las dice…..caray, no desperdicies tu pólvora en infiernitos; no te duermas molesto con ella y volteando al lado opuesto de la cama. Pero sobre todo, no te quedes con ningún “Te quiero” que sientas que le puedes decir: Además de que es música para sus oídos , no sea que ya no se lo puedas decir mañana. 
“En vida, hermano, en vida” decía Amado Nervo….nunca pensé que me fuera a calar tanto esa frase, y que me hiciera arrepentirme de todo lo que callé, y de las veces que dormí volteado hacia el lado equivocado: en ocasiones por orgullo mal entendido, y en ocasiones por amor desperdiciado…qué lástima! qué infamia!
A ellas las invito a encontrar el verdadero sentido de todo lo que realizas, en el trabajo profesional, en el “trabajo” de casa, y en el valor trascendental de las cosas a las que renuncias o has renunciado en algún momento de tu vida por amor. No esperes ni apuestes a que la gente que te rodea reconozca adecuadamente la dimensión de tu labor callada, mejor trata de encontrarle sentido en lo que propicias con esa labor y en los frutos que rinde: Una mejor familia, una mejor casa, unos mejores hijos y, tú, una mejor persona. Y tampoco desperdicies tu pólvora en infiernitos: No vale la pena NUNCA provocar un disgusto innecesario, con él o con tus hijos. Te desgastas y se desgasta la relación. No endurezcas tu gesto; tu sonrisa es el primer vehículo del amor que tienes para dar.
Te invito a ofrecerlo todo a Dios: el amor, el trabajo, la paciencia, el sufrimiento, el gozo, el dolor, los logros de tus hijos; todo puede ser fruto de redención y de expiación, y todo adquiere otro sentido si lo elevas al plano sobrenatural, de que todo finalmente lo haces –o lo puedes hacer- por amor. El amor le da sentido a todo, absolutamente a todo. Disfruta de tu pareja, si la tienes. Disfruta a tus hijos, si los tienes. Disfruta la vida: Esa seguro que la tienes, si es que estás leyendo esto. Vive intensamente cada día, un día a la vez, recuerda que el hoy es lo único que tienes para dar, para realizarte, para trascender, para merecer. 

Por último, me encantó la “foto” que encabeza el comentario de hoy, en la que Tere está justamente en esa labor, silenciosa, discreta, detallada, generosa, asistiendo a Jesús ensangrentado y doliente….benditas mujeres, ni en el cielo saben descansar de dar amor incondicionalmente e insolicitadamente, dondequiera que detectan que hace falta…
Gracias reinita, por TODO lo que me y nos diste, en silencio, y ya veo que ni en el cielo te estás en paz…sigue derramando generosamente tu amor y cuidados…y no dejes de velar e interceder por los que no te olvidamos…y que diariamente escuchamos el grito de tu silencio…
Manuel Orozco

lunes, 11 de agosto de 2014

Tan cerca del cielo... Haiti



Gracias a Dios tuve la oportunidad de estar diez días en Haiti, una realidad muy distinta a la mía, pude valorar la más mínima cosa que tengo en  mi casa y darme cuenta que quejarme por tonterías solo me hace estar cegada y cerrarme en un mundo que es una realidad de muy pocos como yo.
Podemos llamarnos "afortunados" pero no sé si sea verdad porque como dijo mi papá: nunca estuviste más cerca del cielo que como en Haiti. 
Las calles de Haiti están llenas de basura, los canales por donde pasa el agua que toman, con la que se bañan y lavan su ropa está llena de platicos, mugre, basura y desechos. Hay personas caminando desesperadamente en busca de algo que comer y sin un solo centavo en su bolsa sin alguien que les dé un poco de esperanza.
Sus casa están hechas de aluminio y de lona, alrededor de unas partes sigue habiendo escombros y hay parts llamadas "tent city" porque literal son casitas de campaña pegadas unas a otras donde viven 5 o 6 personas sino es que más.
Tal vez no puedo o no pude, ni podré curar el hambre de Haiti o la falta de amor de toooodas esas personas, pero lo que sí puedo hacer gracias a Dios y a mis papás, fue cambiarles su "mundo o realidad" a muchos niñitos por unos cuantos días y la mejor recompensa que recibí cada día era llegar y escuchar gritos desde lejos "Sofíaaaa, Sofíaaa!!" con una sonrisota en sus caras de emoción, sólo por poderles compartir un poquito de tanto amor que he recibido, o que el último día me escribieran en el pizarrón en criollo "Sofía siempre nos vamos a acordar de ti".
Gracia a esa experiencia me doy cuenta que una sonrisa o un poquito de amor que compartamos puede hacer que tanta tristeza y desesperación se olvide a tantas almas hambrientas, no solo de pan sino de esperanza y amor.
Otra cosa que me hizo pensar mucho en lo cegada que a veces estoy, fue en un hospital donde conocí a muchas señoras que estaban desnutridas y aparte con distintas enfermedades cada una y su piel solo forraba sus huesitos, parecía que tenían anorexia, y yo a veces me quejo que porque subí un kilo por tanto que hay que comer en mi casa. Una de ellas me ayudó a darme cuenta que la FE es a veces lo único y lo mejor que nos queda diciéndome con las pocas palabras que podía decir: "Sólo estoy esperando un milagro, reza por mi" y le dije claro que sí, le agarre su mano, cerré mis ojos y rezamos juntas y al final le dije "Bondye renmen ou" que quiere decir Dios te ama y ella solo me contestó sí y a ti también te ama pequeña.
Darme cuenta que ella no tiene nada y lo tiene todo a Dios, por esa paz con que me dijo del milagro... hasta envidia me da saber que ella sí está a un paso del cielo, y que yo con todo lo que he recibido y que no he hecho nada para merecerlo, tengo que esforzarme y compartir todo eso con los que lo necesitan para poder estar algún día TAN cerca del cielo como todas esas hermosas personas que pude conocer y que Dios me permitió abrazar, acariciar, regalarles una sonrisa o un beso en la frente y ser el instrumento para que el respondiera a sus oraciones... Gracias a Haiti pude abrir los ojos, no sólo físicos para darme cuneta de la necesidad económica, sino los ojos de mi corazón para poder ver el hambre de amor que hay y que yo o cualquiera que lea esto podamos compartir con las personas que por solo un abrazo o una sonrisa pagarían lo que fuera.
Antes de llegar a Haiti pensé que regresando me iba a deprimir de la impresión de todo lo que vi, pero un amigo me dijo "por qué vas a estar triste tú si ahora sabes que esos niños están sonriendo , y tienen razón, no hay motivos para no ser felices y hay muchos motivos para hacer felices a los demás.
Definitivamente Haiti es una de las mejores cosas que me han pasado y uno de los mejores regalos que Dios me ha dado.

Sofía Navarro

sábado, 2 de agosto de 2014

EL BAUTIZO



Index 



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 15 de enero de 2014

Queridos hermanos y hermanas:
El miércoles pasado hemos comenzado un breve ciclo de catequesis sobre los Sacramentos, comenzando por el Bautismo. Y en el Bautismo quisiera centrarme también hoy, para destacar un fruto muy importante de este Sacramento: el mismo nos convierte en miembros del Cuerpo de Cristo y del Pueblo de Dios. Santo Tomás de Aquino afirma que quien recibe el Bautismo es incorporado a Cristo casi como su mismo miembro y es agregado a la comunidad de los fieles (cf. Summa Theologiae, III, q. 69, a. 5; q. 70, a. 1), es decir, al Pueblo de Dios. En la escuela del Concilio Vaticano II, decimos hoy que el Bautismo nos hace entrar en el Pueblo de Dios, nos convierte en miembros de un Pueblo en camino, un Pueblo que peregrina en la historia.
En efecto, como de generación en generación se transmite la vida, así también de generación en generación, a través del renacimiento en la fuente bautismal, se transmite la gracia, y con esta gracia el Pueblo cristiano camina en el tiempo, como un río que irriga la tierra y difunde en el mundo la bendición de Dios. Desde el momento en que Jesús dijo lo que hemos escuchado en el Evangelio, los discípulos fueron a bautizar; y desde ese tiempo hasta hoy existe una cadena en la transmisión de la fe mediante el Bautismo. Y cada uno de nosotros es un eslabón de esa cadena: un paso adelante, siempre; como un río que irriga. Así es la gracia de Dios y así es nuestra fe, que debemos transmitir a nuestros hijos, transmitir a los niños, para que ellos, cuando sean adultos, puedan transmitirla a sus hijos. Así es el Bautismo. ¿Por qué? Porque el Bautismo nos hace entrar en este Pueblo de Dios que transmite la fe. Esto es muy importante. Un Pueblo de Dios que camina y transmite la fe.
En virtud del Bautismo nos convertimos en discípulos misioneros, llamados a llevar el Evangelio al mundo (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 120). «Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador... La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo» (ibid.) de todos, de todo el pueblo de Dios, un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. El Pueblo de Dios es un Pueblo discípulo —porque recibe la fe— y misionero —porque transmite la fe—. Y esto hace el Bautismo en nosotros: nos dona la Gracia y transmite la fe. Todos en la Iglesia somos discípulos, y lo somos siempre, para toda la vida; y todos somos misioneros, cada uno en el sitio que el Señor le ha asignado. Todos: el más pequeño es también misionero; y quien parece más grande es discípulo. Pero alguno de vosotros dirá: «Los obispos no son discípulos, los obispos lo saben todo; el Papa lo sabe todo, no es discípulo». No, incluso los obispos y el Papa deben ser discípulos, porque si no son discípulos no hacen el bien, no pueden ser misioneros, no pueden transmitir la fe. Todos nosotros somos discípulos y misioneros.
Existe un vínculo indisoluble entre la dimensión mística y la dimensión misionera de la vocación cristiana, ambas radicadas en el Bautismo. «Al recibir la fe y el bautismo, los cristianos acogemos la acción del Espíritu Santo que lleva a confesar a Jesús como Hijo de Dios y a llamar a Dios “Abba”, Padre. Todos los bautizados y bautizadas... estamos llamados a vivir y transmitir la comunión con la Trinidad, pues la evangelización es un llamado a la participación de la comunión trinitaria» (Documento conclusivo de Aparecida, n. 157).
Nadie se salva solo. Somos comunidad de creyentes, somos Pueblo de Dios y en esta comunidad experimentamos la belleza de compartir la experiencia de un amor que nos precede a todos, pero que al mismo tiempo nos pide ser «canales» de la gracia los unos para los otros, a pesar de nuestros límites y nuestros pecados. La dimensión comunitaria no es sólo un «marco», un «contorno», sino que es parte integrante de la vida cristiana, del testimonio y de la evangelización. La fe cristiana nace y vive en la Iglesia, y en el Bautismo las familias y las parroquias celebran la incorporación de un nuevo miembro a Cristo y a su Cuerpo que es la Iglesia (cf. ibid., n. 175 b).
A propósito de la importancia del Bautismo para el Pueblo de Dios, es ejemplar la historia de la comunidad cristiana en Japón. Ésta sufrió una dura persecución a inicios del siglo XVII. Hubo numerosos mártires, los miembros del clero fueron expulsados y miles de fieles fueron asesinados. No quedó ningún sacerdote en Japón, todos fueron expulsados. Entonces la comunidad se retiró a la clandestinidad, conservando la fe y la oración en el ocultamiento. Y cuando nacía un niño, el papá o la mamá, lo bautizaban, porque todos los fieles pueden bautizar en circunstancias especiales. Cuando, después de casi dos siglos y medio, 250 años más tarde, los misioneros regresaron a Japón, miles de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo. Esto es grande: el Pueblo de Dios transmite la fe, bautiza a sus hijos y sigue adelante. Y conservaron, incluso en lo secreto, un fuerte espíritu comunitario, porque el Bautismo los había convertido en un solo cuerpo en Cristo: estaban aislados y ocultos, pero eran siempre miembros del Pueblo de Dios, miembros de la Iglesia. Mucho podemos aprender de esta historia.


Saludos
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los Padres Agustinos Recoletos y a las Religiosas de María Inmaculada, así como a los demás grupos venidos de España, Uruguay, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a tomar en serio su bautismo, siendo discípulos y misioneros del Evangelio, con la palabra y con el propio ejemplo. Que Jesús os bendiga y la Virgen Santa os cuide. Muchas gracias.
(A los fieles de lengua árabe)
Queridos hermanos y hermanas de lengua árabe procedentes de Jordania y de Tierra Santa: aprended de la Iglesia japonesa, que a causa de las persecuciones del siglo XVII se retiró en lo oculto por casi dos siglos y medio, transmitiendo de una generación a la otra la llama de la fe siempre encendida. Las dificultades y las persecuciones, cuando se viven con entrega, confianza y esperanza, purifican la fe y la fortalecen. Sed verdaderos testigos de Cristo y de su Evangelio, auténticos hijos de la Iglesia, dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza, con amor y respeto. Que el Señor custodie vuestra vida y os bendiga.




sábado, 26 de julio de 2014

LA ADOLESCENCIA



La adolescencia es una etapa maravillosa de la vida, es época de cambios.
Cambio de voz, cambios físicos, cambios de actitudes, cambio en el atuendo, nuevos intereses, crisis de identidad.
Pero ¿qué adulto no paso por esta etapa? ¿acaso lo hemos olvidado?
Para mi la adolescencia es un momento pasajero que debemos disfrutar acompañando a nuestros hijos.
Aprender a escucharlos con los oídos, con los ojos y con el corazón. Aprovechar sin enfadarlos cada momento oportuno para platicar con ellos, admirarnos de su creatividad y enseñarles a reflexionar haciéndoles preguntas y tú... ¿qué piensas de eso? ¿qué hubieras hecho en su lugar? ¿qué consecuencias crees que tendrá esa decisión? 
Yo imagino cuando pienso en la adolescencia a una mariposa que tuvo que pasar por una metamorfosis para poder volar libre mostrando sus alas llenas de color.
Siendo ella una oruga paso por un momento de transformación no muy agradable pero al final valió la pena.
En esta etapa podemos formar muchos valores y virtudes en nuestros hijos, el pudor, enseñarles que el vestido no sólo tapa el cuerpo, sino que viste a la persona; muestra como queremos darnos a conocer, que representa el respeto que pedimos y que damos.
La sinceridad, no les mientas, la confianza se gana, no se impone. Y el ejemplo que les des a tus hijos será al final lo que más eduque y forme su carácter.
La adolescencia es la edad en la que se despiertan los grandes ideales y estos deben ser fomentados.
Desde la infancia se han de marcar límites que sirvan de rieles para deslizarse en un camino seguro, límites firmes que se deben seguir con perseverancia marcándolos siempre con amor y por el bien de los hijos.
Por último no puedo dejar de repetir que el ejemplo es lo más importante para educar a los hijos, hemos oído varias veces que el ejemplo arrastra, las palabras de las lleva el viento.
Se educa con el testimonio de vida, con la humildad al reconocer los errores y pedir una disculpa al tiempo de enmendarlos. Con la lucha de día a día levantándonos después de cada caía poniendo la confianza en las manos de Dios Nuestro Señor.

Sandra Lillingston

jueves, 10 de julio de 2014

LA meditación de hoy...


Como un invierno frio que deja yerto el corazón, llegan a mi  imágenes  de la indiferencia de lo egoísta y ensimismados que estamos tus hijos Señor, que largos los días cuando como látigos nuevamente sobre tu espalda  llegan esas miradas de indiferencia, ese ignorar al sediento, sordo al que clama, ciego al que una lágrima de su rostro derrama …. cuanta tristeza y dolor   deben de  haber en tu corazón…Perdón……. que  miserables nos hemos hecho   al ignorar   que tu sangre no solo por unos se dio ,  que pena que nuestros ojos vean diferencias entre  el color  pues todos somos reflejo y dignos de Dios, Tú mi Rey tan majestuoso….que  viviste entre los  que son perseguidos e ignorados   recuérdales Señor, ¡Ayúdales mi Dios! Que contradicción hablar de amor y hacer héroes donde  se oprime  el corazón, como   contemplar el rostro de un niño que descalzo camino hacia una moneda que alguien más le dio!  ¡Que contradicción hablar de amor cuando ignoro al que de hambre murió o jamás un techo encontró!    ¿Qué nos falto activar en nuestro interior? Tú que  mas allá de todo transformas la vida que te entregaste y nada para ti dejaste,  ¿acaso la sensibilidad del hombre anulaste?  que sucede en nosotros que seguimos con esclavos ocultos que llevan uniformes y manos ásperas, arrugas profundas de tristeza y desolación; Padre mío que nunca mi ser se acostumbre a un rostro oprimido , que nunca mi ser se acostumbre a mirar al enfermo y desprotegido, que mi razón y mi corazón entren en sintonía para entender que la bendición no es dominar o poseer todo  si no como lo compartimos, dame claridad para entender tu  palabra Señor, derrama en mi ser tu Espíritu Santo , ese que transforma las vidas, que rompe cadenas que pide y reparte, ese que quiere de ti llenarles y hasta doler entregarse.
 Tú nuestro Rey  y Padre que recordemos  tu cruz cuando de amar al hermano hablemos o al preso visitemos porque a ese también le llamaste hijo! Que dureza en nuestros corazones que para amar necesitamos  haber recibido  como si fuéramos dignos de algo más que compasión, Oh mi Dios borra la codicia, la envidia y el deseo de poder, que no conozca jamás la gloria  si a otro he de humillar, que no conozca jamás de riquezas si a otro he de despojar, que jamás en mi mesa se tire lo que alguien más necesite! Padre mío majestad inigualable  reinvéntame y como hombre nuevo  reprograma mi razón, Te necesito! transforma  Señor mi  código de amor y  vuélveme  a tu presencia donde Jesús me hablo y enseño ,ese mismo  instante  donde tu hijo expiro y a su madre me entrego!.
 Ven  Madre mía ven María y enséñame hoy,  que la gloria de tu hijo solo si humilde soy llegará un día a mi alma para que viva yo, sin Ti Señor no vivo, sin ti… nada soy.
Amén.                                                                               

       Rocío Río